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Golpe al crudo ruso

Los países occidentales dieron este lunes un significativo paso para intentar asfixiar los ingresos con los cuales el Kremlin financia la guerra en Ucrania. Los miembros del G-7, la UE y Australia activaron ayer su mecanismo para limitar el precio máximo de las exportaciones de crudo ruso a países terceros, fijado en 60 dólares por barril. La medida busca un equilibrio muy complejo: una reducción de los ingresos de Moscú sin provocar un colapso en la oferta que dispare los precios en el mercado global. El sistema diseñado intenta aprovechar la preeminencia de las compañías occidentales en los sectores de transporte marítimo, seguro y financiación para forzar a terceros actores a respetar el límite establecido.

El tope se acordó a finales de la semana pasada, pero empieza a funcionar el mismo día en que los Veintisiete han puesto en marcha su desconexión total de las importaciones de crudo ruso a través de transporte marítimo, pactada hace meses. Aunque países como EE UU o el Reino Unido, menos dependientes de Rusia que el conjunto de la UE, ya habían ejecutado la medida, en octubre la UE todavía importaba 1,5 millones de barriles diarios de Rusia. Equivalen a un millón menos que antes de la guerra, pero todavía una parte significativa de los 7,7 millones de exportaciones diarias del Kremlin.

El resultado de este conjunto de medidas resulta difícil de prever, como demuestra la decisión de la OPEP+ (versión ampliada del tradicional grupo de productores que incluye a Rusia) de aplazar su reacción. Sin duda será difícil para Rusia reubicar el crudo que dejará de importar la UE, y lograr vender ese y el resto sorteando el límite de precio. Las compañías occidentales dominan el mercado en los sectores de transporte marítimo, seguros y financiación vinculados a este tipo de operaciones. Quienes quieran contar con ellas, tendrán que respetar el tope, pero Rusia ya ha anunciado que no comerciará con quienes pretendan hacerlo. Expertos del sector consideran que Rusia ya ha aumentado la flota de petroleros, pero que no le será nada fácil compensar el conjunto de la pérdida provocada por el nuevo mecanismo.

El tiempo dirá cuál será el resultado, pero en su conjunto el tope al precio de exportación se perfila como un paso en la dirección correcta. Las sanciones ya aplicadas contra Rusia han provocado importantes daños a la economía rusa, pero no un colapso, como demuestra el vigor del rublo, o que los ingresos petroleros de Moscú ascendieron en el mes de octubre a 17.300 millones de dólares, cifra superior a la media mensual de 2021. El Kremlin fomenta una escalada cada vez más brutal de su guerra en Ucrania, castigando a la población civil. Los países democráticos deben responder, y una de las vías es lograr que Vladímir Putin se quede sin fondos suficientes para financiar su ofensiva. Habrá que observar el funcionamiento del nuevo mecanismo, en su caso modificar el precio tope y mejorar la eficacia de su proyección global. Pero, de entrada, resulta sin duda positivo que haya habido de nuevo unión política para diseñar sistemas que buscan frenar a Putin.

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